Iván Noble: Bienvenitos al Rex
En los años posteriores a la “disolución” de la banda que queda en las páginas de la futura historia del rock nacional, sucedieron discos y anécdotas del compositor que logró sobrevivir al paso del tiempo haciendo honor a su apellido: Noble.
Resumiendo su trayectoria musical como solista, y más allá (los Caballeros y el cover de Charly), Iván Noble demostró que necesitaba un lugar más apropiado para sus creaciones, conforme fue creciendo artísticamente (por lo notable de sus letras, que retratan casi de manera filosófica y tanguera partidas y regresos en donde más de uno se identificó) y personalmente: músicos, colegas, amigos, fans, familiares que dijeron presente esa noche y, disculpas mediante (a pesar de que no recae sobre su persona la responsabilidad por el cambio en la fecha) a los ausentes.
Hubo de todo, lo que uno esperaba, lo que no, y hasta se podría decir que no alcanzó: recuerdos, escenografía mágica librada a la imaginación, por cuyas aberturas fluían las luces de colores junto a las melodías provenientes de una diversidad de instrumentos y estilos musicales, algunos (menores) acoples, pero fundamentalmente la prolijidad que caracterizó durante más de dos horas la (superada) prueba de fuego: presentarse “solo” (es una forma de decir) y a teatro lleno, que cerca de la despedida casi se convierte en el living de la casa de Noble…
Abrió puntualmente a las 21:30hs con “Preguntas Equivocadas”, la aclamada “La Propina”, “Como el Cangrejo”, “La Chica que nadie saca a bailar”. Algo más relajado ante el imponente Rex que le esperaba hacer frente toda la noche continúo con “Un Minuto antes de dejar de quererte”;
“Bueno… es una noche muy soñada por mi, les agradezco poder compartir este sueño, de verdad… dicen que todos los lugares son iguales, la verdad que no… he tocado en muchísimos lugares, no es la primera vez que siento estas cosquillas, pero créanme que hace muchísimo, muchísimo tiempo que no las sentía…” fueron las primeras palabras de agradecimiento de cara a los presentes.
“Saben qué? Yo tengo la costumbre, algunos dicen muy mala, de cantar con los ojos cerrados, hoy los voy a abrir más que nunca para mirarlos…” dio lugar a “Tampoco el mundo hace las cosas demasiado bien” entre los aplausos.
“La canción que sigue está dedicada a los amores contra el paredón” fueron las palabras que precedieron “A los leones”.
Dónde vas a dormir esta noche…?
“Esta noche voy a tener algunos invitados que van a enaltecer este escenario, uno de ellos es alguien que toca un instrumento… yo antes de conocerlo a él pensé que era un instrumento para vagos, ese instrumento que se toca tirado en la cama mientras hay fútbol de primera, yo pensé que era eso la armónica, pero parece que no, parece que hay gente que lo toca de una manera desesperadamente hermosa… les pido un aplauso muy grande para Fabricio… con el cual vamos a interpretar una página intitulada…”
Es así como Fabricio terminó por vestir a la delicada y sutil “Princesa Tibia” a fuerza de una armónica, en ocasiones desgarradora como un zarpaso.
Fueron tiempos deliciosos yo sé…
“Ahora voy a invitar al escenario a un hermano, a un compañero de mares, de micros, de rutas, de resacas, de todo lo que dos varones comparten cuando se quieren, les pido un aplauso muy grande para el SEÑOR PABLO GUERRA (…) por los buenos viejos tiempos…”; de inmediato los primeros acordes del biográfico y nostálgico “Causas Perdidas” con Pablo en segunda voz y guitarra.
“Esta canción es muy especial, si la conocen, la cantan”, no fue hasta las primeras letras que resultó una incógnita; otro tema para rememorar y levantar al público de las butacas: “Otro Jueves Cobarde”, con el primero de tantos que se animaron a subir al escenario.
Y para retomar la calma perdida, “Fe de Erratas”.
“Cuando vuelvo a leer la mayoría de las canciones que escribo, no me gustan mucho, de verdad, pero algunas, muy poquitas…, cuando las escucho cantar digo: eso no estuvo nada mal… el estribillo de esta canción tal vez una de las cosas que escribí que más me gustan” compartió con el público: “La mujer que le destrozaba las noches”.
Decime que anoche… existió!
Cuando la escuchaba cantar me parecía muy machista, y supuse, creo que con razón que… cualquier niña de más de dieciii… (risas) bueno los tiempos están dificiles… supongo que más de diecisiete, alguna vez se sintió parecido… entonces me pareció que lo más correcto, lo más caballero, era invitar a una mujer a cantar la segunda parte de la canción. Cuando empezé a pensar en mujeres que cantan, y mujeres que yo suponía que habían caminado muchas madrugadas, el primer nombre que se me vino a la cabeza fue Adriana, entonces agarré el teléfono y le conté la historia de la canción: y le conté mas o menos la letra y del otro lado del teléfono escuché (simulando su voz) sabés las veces estuve así… y esta noche es un placer de contar en este escenario con la Señora ADRIANA VARELA…”
Los aplausos, la complicidad y la confesión de boca de Adriana con un breve y contundente “Temazo, maestro…” dieron lugar al imprescindible “Decime que anoche nunca existió”, en el segmento intimista que desnudó la letra de la historia de un amanecer gris con la persona equivocada.
Para la ocasión, un tema que nunca interpretan en vivo y (entre bromas) “por ahi sea la última vez que hagamos en vivo”: una versión más relajada y trabajada en percusión, con aires afro-latino-caribeños que fluían del cajón peruano (o flamenco) que Iván tocó en “Dios tiene Alzheimer”.
“Tal vez a algunos de nosotros no nos parezca raro, pero a otro si (…) nos gustaba mucho a mis amigos y a mí, comprarnos discos y escucharlos juntos (…) y es una ceremonia (vos también Iván gritó alguien con un obvio como respuesta)… hay muchos discos que fueron biblias para los tipos (de) mi edad… en el año 85 yo tenía 18 añitos, y salió un disco fundamental para entender de que se trata cuando se trata de hacer canciones… este disco está hecho por una persona que hoy está en problemas, pero aún en problemas, sigue siendo, creo, un faro y un ejemplo para todos los que intentamos hacer canciones… la canción que sigue está en ese disco, el disco se llamaba Piano Bar…” Reafirmando lo dicho con un ” el Señor Charly García (…) Calambres en el alma… o sea, podés escribir esa frase y retirarte y no escribir más nada”
Volviendo a los viejos tiempos, nuevamente con armónica y una melodía que resultó una incógnita, fue el turno de “Fulanos de Nadie” y “Bienbenito”, dedicada a Benito que se encontraba presente (y tal vez dormido).
Las sorpresas no terminaban, al menos no “Hasta Estallar”, que interrumpió de imprevisto y con gracia el lider a los integrantes, porque faltaban los músicos de “Ella es tan Cargosa” para interpretarla; uno de los tantos nuevos talentos que suenan hoy por hoy, y uno de los pocos que el Iván Noble se atreve a defender.
La lista de invitados parecía no terminar cuando comenzaron a aparecer uno por uno los “Los Súper Ratones” que agregaron su cuota de talento en los coros de “No cuentes Conmigo”.
“Viento en Proa”, “Dejás la cara y te vas”, “Olivia” y “Argentinamente” también formaron parte de la lista, junto a la infaltable bandera de los Caballeros que descansó un tiempo en uno de los monitores.
Todo parecía haber terminado, pero como en su disco Intemperie, había que esperar un poco más antes de presionar stop: aquellos que se retiraron se perdieron “A Soñar un rato”, “Sapo de Otro Pozo” y el indescifrable “Oxidado” que despertó el momento más emotivo de la presentación, cuando el público (platea, pullman y superpullman…) abandonaron las butacas, y acompañaron a los dos Caballeros (Iván y Pablo) anticipando lo que sería la vuelta a casa con un emotivo y reiterado “Vuelvo a mi cucha rengueando esta ganas borrachas de volverte a ver…”
Abrazo y saludo formal y final, con la satisfacción y la tranquilidad de haber cumplido, no sólo con el público, sino consigo mismo.
Redacción, fotografía y video: Infante Antonio
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